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miércoles, 30 de noviembre de 2011

El Cronista Comercial saluda el gesto de CFK de limitar los juicios por accidentes laborales


A pocos días de que todos los diarios cuyo contrato de lectura se dirige a la clase empresaria saludaran desde sus portadas el discurso de la presidenta CFK en la UIA, uno de estos periódicos, El Cronista Comercial vuelve a echar loas a un discurso de la presidenta, esta vez, en Cámara Argentina de la Construcción (CAC), es decir en la cámara que agrupa a las patronales de la actividad que produce el mayor numero de muertes por accidentes laborales, más de 228 por año.

Una vez más, la presidenta Cristina Fernández se compró a los empresarios con su discurso de cierre de la 59º Convención de la Cámara Argentina de la Construcción (CAC), realizada ayer. Si faltaba alguna definición de la mandataria que fuera música para los oídos del establishment, era el planteo de que “hay que abordar el tema de la ley de ART” para resolver los problemas de litigiosidad que tienen las empresas por la doble vía.
La jefa de Estado realizó estas declaraciones en medio de la ofensiva del Gobierno contra los gremios, que nunca lograron ponerse de acuerdo con el sector empresario para resolver este tema de manera consensuada. Ante referentes del sector de la construcción, pero también de industriales, Cristina sostuvo que la litigiosidad “impacta negativamente” y llamó a resolverlo a través de la eliminación de la doble vía –cuando un trabajador cobra la indemnización de la ART y, a su vez, inicia un juicio civil por un monto mayor–. Mencionó también el problema del in itinere –cuando el siniestro ocurre en el traslado del trabajador a su lugar de trabajo–, pero consideró que “si se quiere arreglar todo de una vez, no se termina resolviendo nada”.
“Si existe un acuerdo entre el sector del trabajo, el legislativo y el judicial, creo que estaríamos dando un salto cualitativo muy importante que dará más certezas y seguridades”, enfatizó la Presidenta. Los aplausos del auditorio no tardaron en llegar. (El Cronista, 30/11/11)


La presidenta, cara a cara con los empresarios negreros de la construcción, en lugar de exigirles que cumplan con las medidas de seguridad para evitar las muertes obreras, les regalo “música para sus oídos”, al mostrarle el verdadero camino de la profundización del modelo. Como dijo hace poco un columnista de otro diario patronal “La siempre misteriosa idea de ‘profundizar el modelo’, tan repetida en la campaña electoral, resultó que era esto: facturas de servicios más caras, achique en las empresas públicas (al menos en Aerolíneas Argentinas), reapertura de las relaciones con Estados Unidos, presión judicial y política a los gremios combativos, freno a los reclamos sindicales que más irritan a los empresarios” (La Nación, 23/11/11)

Perder la vida trabajando
En Argentina hay casi 12 millones de asalariados, de los cuales un tercio están “en negro”. Según datos de la cámara que agrupa a las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (ART), de los 8 millones de trabajadores registrados en 2010, 830 murieron a causa de “accidentes laborales”. Un fallecimiento cada diez horas. Pero como la estadística sólo comprende a los “registrados”, claramente el número de muertes es mayor. En los papeles oficiales (confeccionados por el Estado y los patrones) no figuran miles de personas condenadas a sufrir y morir en campos, fábricas y talleres con jornadas extenuantes y por salarios de miseria (…) En la construcción, 7 de cada 10 albañiles están en negro. La mayoría sometidos a una precarización similar a la que rige en el campo. Quienes los contratan prefieren que sean inmigrantes, ya que es más fácil explotarlos y someterlos por el miedo a perder el empleo y tener que volver a sus países. Por si fuera poco, dos tercios de los obreros del gremio fallecen antes de los 55 años y sólo el 0,5% llega a jubilarse. (La Verdad Obrera Nº 424)
La codicia capitalista utiliza el cuerpo de los trabajadores como una mercancía más, que se puede comprar, usar, maltratar, dañar y desechar. La semana pasada murió un joven trabajador telefónico al caer de un poste, en Rafael Castillo. Su nombre era Fernando Galarza, trabajaba en una empresa subcontratista y tenía tan solo 19 años. Por él y por todos los trabajadores que perdieron sus vidas por la ambición empresaria y la desidia gubernamental, vaya nuestro repudio a las palabras de la presidenta.

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