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jueves, 3 de febrero de 2011

Libertad de explotación (parte I)



Precarización y tercerización en los medios
Publicado en La Verdad Obrera nº412

por Verónica Zaldívar y Daniel Satur


Los medios de comunicación, que a veces publican noticias sobre trabajo esclavo o precario como una forma de atacar a sus adversarios políticos, son ellos mismos usinas de trabajo precarizado que nada tienen que envidiarle a importantes usuarias de la tercerización como los ferrocarriles, las telefónicas, las automotrices o el propio Estado.

Inestabilidad y trabajo “gratuito”
¿Qué formas específicas adquiere la precarización laboral en los medios de comunicación? Una de las principales es la existencia de “colaboradores”, es decir, periodistas que realizan notas o reportajes para un medio en particular pero no tienen relación contractual fija con la empresa, sino que se les paga por cada trabajo publicado. Lo mismo sucede con los fotógrafos. Esto conlleva una absoluta inseguridad económica para estos trabajadores, que mes a mes no saben si el medio les “comprará” o no la siguiente producción. Se trata de una deformación de la figura del “colaborador permanente”, contemplada en la Ley del Estatuto del Periodista Profesional, que garantiza 24 producciones anuales como mínimo a ser compradas por el medio (1). Algunas empresas “compran” hasta 23 notas por año, zafando así de posibles demandas. También es una interpretación alterada del histórico oficio de free lance, que es aquel periodista o fotógrafo cuentapropista que realiza un trabajo personal y publica voluntariamente sus producciones en uno o varios medios sin depender de ninguno en particular.
Otra forma de explotación utilizada por los medios es la de las pasantías; en connivencia con institutos terciarios o universidades, hacen pagar a los estudiantes un “derecho de piso” trabajando gratis o por dos pesos para las empresas periodísticas. Bajo el camuflaje de “obtener experiencia” y “formación en el terreno” los grandes grupos se nutren de mano de obra barata o gratuita sin tener que preocuparse por efectivizar trabajadores y agrandar sus plantas permanentes.
Durante los últimos años creció notablemente el espacio ocupado por realizaciones de las productoras privadas, sobre todo en televisión. Así, gran parte de los contenidos de ficción, entretenimiento, investigación y hasta noticieros son producidos por empresas que trabajan para los medios, y sus empleados pueden estar encuadrados en convenios como el de Comercio, mucho más desfavorables que el de Prensa. Al mismo tiempo ha sucedido que los empleados de planta de las emisoras terminan trabajando para las productoras tercerizadas (camarógrafos, técnicos, etc.) en lugar de hacerlo para la empresa en donde trabajan. Sin dudas un negocio enorme para emisoras y productoras. Tan naturalizada es esta práctica que hay productoras que sellan contratos más caros que lo que correspondería y las emisoras deben firmarlos para no quedarse sin contenidos, después de haber vaciado durante años sus planteles de técnicos, periodistas y actores.

Todos precarizan, todos tercerizan
Las diferencias entre medios oficialistas y opositores en muchos aspectos se diluyen hasta desaparecer. Por ejemplo, cuando se trata de las relaciones que establecen con sus trabajadores. Sean privados o estatales, kirchneristas u opositores, todos los grandes medios mantienen prácticas laborales como las descriptas.
Un caso que sacó a la luz parte de esta situación fue el del extinto diario Crítica de la Argentina. Cuando la patronal vaciadora de Mata y Figueras decidió dejar de pagar los sueldos, quienes primero dejaron de cobrar fueron los “colaboradores”, decenas de periodistas que escribían regularmente para el diario. Gran parte de los diarios nacionales (Perfil, La Nación, Clarín, Página/12) y muchos regionales hacen de la “colaboración” un método de notas a bajo costo y sin mayores compromisos.
En Clarín, el mayor grupo multimedia del país, es conocido el uso y abuso que hace (en todos sus medios) de todo tipo de precarización. Lo “normal” en el diario es que haya redactores que trabajan años sin pasar a planta permanente, pasantes en todos los sectores, sub-empresas con personal bajo convenios que no son el de prensa, impedimento de cualquier forma de organización de los empleados vía persecución y despidos. Los históricos casos de la expulsión de la Comisión Interna completa del diario en 2000 y de más de cien despidos en su imprenta propia AGR en 2003 son los hechos más resonantes de una larga lista de atropellos. La “conmovedora” campaña publicitaria de hace unos meses, donde supuestos usuarios defendían su derecho a seguir conectados a Fibertel, ocultaba que gran parte de los trabajadores que instalan el servicio y realizan otras tareas no son empleados efectivos del Grupo, sino que están tercerizados, trabajando en peores condiciones que sus compañeros.
Pero lejos de darse esta situación sólo en los medios de “la corpo” (al decir de 678), en la agencia estatal Télam la situación no es muy distinta. Hace años que la gestión de la empresa (primero con Martín Granovsky -redactor de Página/12- y hoy con Jorge García) aplica los contratos y subcontratos, con salarios a la baja y un trabajo periodístico devaluado. Los mismos delegados de Télam denuncian también el manejo discriminatorio de las horas extras que hace la patronal, generando un sistema cuasi clientelar.
En el próximo número de LVO continuaremos desarrollando este tema, denunciando las prácticas de las patronales y el rol cómplice de la burocracia sindical.

(1) - “Se entiende por colaborador permanente aquel que trabaja a destajo en diarios, periódicos, revistas, semanarios, anuarios y agencias noticiosas, por medio de artículos o notas, con firma o sin ella, retribuidos pecuniariamente por unidad o al centímetro, cuando alcance un mínimo de veinte y cuatro colaboraciones anuales. Quedan excluidos de esta Ley los agentes o corredores de publicidad y los colaboradores accidentales o extraños a la profesión.” (Estatuto del Periodista Profesional, art. 2).

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