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jueves, 19 de julio de 2012

Página 12: historiadores ahistóricos y anticapitalistas capitalistas



Página12 le brindó una columna al “historiador anticapitalista” Ezequiel Adamovsky, un texto de opinión que de anticapitalista tiene poco y de histórico nada. Vaya aquí un post del compañero Octavio Crivaro discutiendo con el artículo en el blog La Troska Rosario.


 
¿Qué se propone la “nueva izquierda”? Discutiendo con una columna de Ezequiel Adamovsky.
Por Octavio Crivaro

Hace pocos días Página 12 publicó una columna de Ezequiel Adamovsky, historiador e intelectual de la COMPA, titulada “Una nueva izquierda”. Se sabe que este diario suele dar poco espacio a la izquierda. (Fe de erratas: donde dice “poco” debe decir “casi cero”). Por eso sorprende la decisión de Adamovsky de aprovechar los espacios de su columna sobre “Nueva Izquierda”, para despotricar contra los partidos de izquierda, o contra una visión de la izquierda partidaria que parece formateada en conceptos forjados durante los duros años de reveses neoliberales.


Revolución Rusa: a la “papelera de reciclaje”
Adamovsky parte de definir que la “estrella” de la izquierda anticapitalista declina con la burocratización de la URSS. En efecto, la degeneración burocrática de un estado obrero como la URSS, nunca podría haber sido gratuita. Un proceso que revirtió inéditas y enormes conquistas sociales y culturales, hasta llegar a la restauración capitalista; y que convirtió un estado basado en consejos democráticos de obreros y campesinos, con plena participación de los partidos sovieticos, que discutían la orientación de la economía, de la guerra, de los asuntos “de interés general”, en una burocracia parasitaria y totalitaria, obliga a los socialistas, a los anticapitalistas revolucionarios a sacar lecciones. El PTS ha escrito decenas de artículos en la revista Estrategia Internacional discutiendo este enorme sacudón. Recomendamos este artículo de Emilio Albamonte y Matías Maiello, y este aporte de Claudia Cinatti, que polemiza con posiciones de Aldo Casas.
Pero asumir la inevitabilidad de la burocratización de todo estado de transición al socialismo, como intentaron establecer los ideólogos capitalistas en su momento más triunfalista, es una conclusión derrotista, que lleva indefectiblemente a que el “anticapitalismo” no sea más que una cobertura nominal de izquierda a una práctica política que no escapa de un reformismo del capitalismo, pero no a un cuestionamiento revolucionario. En este brete cae Adamovsky, que quizá por ello habla del fracaso de la URSS omitiendo mencionar la lucha de León Trotsky y la Oposición de Izquierda que dieron una batalla sin parangón frente a la burocratización y el aislamiento chovinista de la URSS. Pero, claro, hacer esto puede implicar dar crédito a la “izquierda partidaria” que es, veremos, poco menos que un cuco… Sin embargo Adamovsky, como dice Les Luthiers, “sigue siguiendo”.

Una exageración polémica (¿no?)
Para denostar a la izquierda partidaria, Adamovsky sostiene que estas organizaciones reproducen internamente, prepárese señor lector, el sovietismo estalinista, creando “pequeñas dictaduras personales”. Desconocemos si previo a adscribir a la “nueva izquierda” Adamovsky fue víctima de algún gulag o exilio en alguna pequeña organización política. Pero como sí sabemos que su crítica no apunta a los efectivamente moscovitas PC, le decimos: ¿no será un poco exagerado, compañero, confundir la existencia de esas organizaciones que entronaron un “gurú”, con una deformación burocrática que costó millones de vidas y varias revoluciones acogotadas?
En su obcecación, Adamovsky va más allá y no mide sus palabras, plagadas de un léxico más propio de los “dos demonios alfonsinistas” que de la militancia anticapitalista. Adamovsky habla de una “burocracia dirigencial vitalicia con estricto control disciplinario”. Algo similar al lenguaje con el que ciertas “derechas” escupen espantajos para explicar que existen “idiotas útiles”, sostenidos no por convicciones propias sino por la coerción, el látigo. Una justificación de esta índole usó el kirchnerismo para no hacerse cargo de la muerte de Mariano Ferreyra, subestimando las convicciones del propio compañero Mariano, al decir que “lo mandaron”. ¿Quién lo había mandado? La “burocracia dirigencial vitalicia”, claro…
Pero además, con su reduccionismo poco democrático y, disculpen el chiste, un poco “moscovita”, Adamovsky “liquida” (cree hacerlo) toda una tradición sin tener que mancharse en la faena de criticar “concretamente”. El PTS, uno de los miembros del indeseable club de la izquierda partidaria (¡alejaos, fieles!) participa política y sindicalmente en 150 sindicatos; tiene referentes públicos sindicales reconocidos y representativos; forma parte de un Frente de Izquierda que sacó 700 mil votos; cuenta con referentes estudiantiles conocidos y perseguidos por la justicia; sacamos publicaciones, revistas y libros, etc. Las críticas sobre errores, que los tenemos, por nuestra exposición y militanciadeberían y podrían ser puntuales. Pero es más fácil englobar, desconocer, colocar un mote, un sello y apretar el botón. Eso hace Adamovsky. En rigor, una dosis de modestia, al menos, lo llevaría a ser respetuoso de una corriente que tiene una aun inicial pero, valga el oxímoron, ya destacada participación y referentes de combate en el movimiento obrero, trabajo del que, como reconocen compañeros de la COMPA, su organización carece. Pero esto no merece ni una reflexión.

Discutiendo sobre autoorganización
Adamovsky omite decir algo. Como pusimos en un artículo luego del Foro Nacional de Educación por el Cambio Social, ni toda la izquierda partidaria es un mismo bloque “burocrático”, ni los que hablan de “prácticas horizontales” efectivamente las aplican. En dicho Foro, por ejemplo, ninguno de los referentes políticos, intelectuales o sindicales de la “izquierda partidaria” (¡fora Satán!) fue invitado: ni Raúl Godoy de Zanon, ni Javier Hermosilla de Kraft, ni Claudio Dellecarbonara del Subte, ni los hijos de desaparecidos o nietas recuperadas como Vicky Moyano, ni Christian Castillo, recibieron un mail, un llamado o un fax, para hablar en un foro donde Adamovsky denunciaba la limitación de una izquierda que se encierra en sus propias ideas. Qué ironía. Incluso polemizamos con las organizaciones estudiantiles tal cual las dirigen los militantes universitarios de la COMPA, muchas de las cuales carecen absolutamente de métodos democráticos y una de las cuales, el centro de Psicología, llegaron a apoyar la acreditación ante la LES, siendo parte de la gestión propulsora de esta demanda neoliberal.
Por el contrario: el PTS es una organización, digamos, fervorosamente propulsora de organizaciones de base, democráticas, de trabajadores y estudiantes. “Nuestro” socialismo, como el de Trotsky, no es un mantra burocrático que se impone por el avance de un partido superestructuralmente. Solamente la existencia de sujetos pensantes puede permitir que una estrategia que se propone revolucionar las bases sociales, morales y políticas del capitalismo, gane peso.
Por ese mismo motivo el PTS prefiere el debate y la clarificación, y por eso invita a los referentes de otros grupos o corrientes de pensamiento para debatir en nuestros foros o jornadas de Marxismo. Aldo Casas puede dar fe de ello, ya que ha conocido varios de nuestros locales, en los que hemos debatido fraternalmente.
Pero hay más: desde el PTS en la reciente Conferencia Nacional de Trabajadores, permitimos que hagan uso de la palabra a dirigentes del PO e IS, con los que formamos el Frente de Izquierda. Pitrola y Graciela Calderón pudieron hablar ante los 4000 trabajadores y militantes presentes, al igual que el compañero Omar Villablanca, Secretario General del Sindicato Ceramista del Neuquén y miembro del sector independiente de La Marrón. Incluso, una delegación del partido se entrevistó con referentes del FPDS en la COMPA, y a pesar de constatar las importantes diferencias que tenemos, les propusimos que participen como observadores, cosa que hicieron algunos compañeros, sin que, por lo que sabemos, nuestro “estricto control disciplinario” les haya producido heridas físicas o morales. ;-)
Nosotros rechazamos todo manejo feudal o sectario. Por ejemplo, ningún movimiento de desocupados, ni partidario ni independiente, tuvo jamás una política de impulsar un movimiento piquetero conjunto, donde se hagan asambleas unitarias y donde las decisiones, medidas de lucha o referentes para hablar en los medios o para negociar con el Estado, sean rotativos, votados en asamblea, etc. Por eso, horizontales o partidarios, siempre “hablan” los mismos referentes.
En Zanon, el PTS fue impulsor de que, para cubrir los nuevos puestos de trabajo, ingresen militantes de todas las corrientes con las que polemizamos como el PO, el MST, Libres del Sur (antes de que sean K), etc. Lejos de ver esto como un riesgo, fue una forma efectiva para politizar y hacer más consciente un proceso que alternó ya 3 secretarios generales (uno trotskista, Godoy, y dos independientes, López y Villablanca). Esto, gracias a la reforma del estatuto impulsada por el PTS, que ataca, ¡oh!, la posibilidad de dirigentes vitalicios.

Con los hijos críticos de Josep y Nikita, sí
Adamovsky habla de alejarse del “ethos productivista del socialismo tradicional”, pero su itinerario lo llevó a pasar de una reivindicación de las asambleas populares como meca de la organización horizontal y de base, a entrar a una organización que reivindica a un gobierno encabezado por un comandante paracaidista de las FF.AA., “ethos” del estado capitalista, que defiende al “ethos clásico del capitalismo”: la propiedad privada de los medios de producción.
Hay más: Adamovsky, defensor del alternativismo zapatista cuando el autonomismo estaba en boga, en su columna reivindica a la Coalición de Izquierda Radical griega. A este frente, conocido como Syriza, lo encabeza Synaspismos una vieja ruptura del PC griego, parte integrante del llamado Partido de la Izquierda Europea, junto al PC Francés, desarmador del Mayo Francés y enemigo de lo que se llamó “nueva izquierda” en aquel caliente 1968.
Syriza fue masivamente votado por trabajadores y la juventud, odiosos del referéndum con el que el imperialismo alemán buscó acogotar al pueblo trabajador griego. Sin embargo, Alexis Tsipras, candidato de la Coalición en las elecciones, lejos de todo anticapitalismo, hizo toda la campaña electoral tranquilizando a Alemania de que Grecia no se iría del Euro y planteando, en lugar del No Pago, hacer una auditoría de la deuda griega (lo que en Argentina levantan Pino o Binner: nada muy anticapitalista, osea). Tsipras, exponente de la Coalición que levanta Adamovsky como fresco ejemplo, reivindica el caso español, que evitó firmar el ajuste pedido por la “troika” neoliberal encabezada por el FMI. Se sabe del ajuste que, de todos modos, está pasando en España.

¿Qué estrategia?
Para culminar: la crisis capitalista obliga, efectivamente, a debatir estrategia, es decir, los objetivos, los sujetos y los alcances de la izquierda. Frente a una clase que pretende descargar con furia, con cierres, despidos, xenofobia y represión, los costos de una fiesta empresaria, los militantes de izquierda tenemos que definir la estrategia de superación del capitalismo. Toda visión que hable de un anticapitalismo como forma de emparchar los costados más “diabólicos” del capital, es utópico y prepara futuras decepciones. En ese sentido, creemos que reivindicar los preceptos del IOPS como hace Adamovsky, que hablan de “trabajar para mejorar de forma sustancial las vidas de sus miembros, eso incluye contribuir a mejorar su autoestima, sus conocimientos, sus habilidades y confianza, su salud mental, física, sexual y espiritual e incluso sus vínculos sociales, sus compromisos y el disfrute de su tiempo de ocio” o de “Imponer un nivel muy alto al peso de la prueba en el uso de la violencia, incluso fomentando una actitud decididamente no violenta”, frente a un capitalismo que cocina a fuego lento crisis agudas, guerras y que ya da los primeros procesos revolucionarios en Africa, huelgas generales, etc., es como prepararse para recibir una tormenta, dentro de una casa de paja. Reivindicar una suma algebraica de movimientos, pacifista, que rechaza el estado cuando se trata de “la toma del poder”, pero lo defiende cuando se trata de “reformar desde el gobierno”, no es una superación del marxismo estratégico de Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, etc., sino un retroceso a las posiciones que estos dirigentes combatieron con dureza. La lucha por un bloque obrero y popular revolucionario y anticapitalista, merece refrescarse, innovarse e incorporar nuevas y acuciantes tareas. Pero caducar, no caducó. A los compañeros que busquen genuinamente una superación revolucionaria y socialista del capitalismo, entre ellos compañeros de la COMPA, les proponemos discutir estas cuestiones

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